Por María Muriel.
Ser Scout no es solo una aventura al aire libre, es una forma de vida que comienza en casa. El verdadero espíritu scout se cultiva en el respeto, la responsabilidad y el servicio diario hacia nuestra familia, amigos y entorno. Es en nuestro hogar donde aprendemos los valores que luego potenciamos como scouts, aquellos valores que nos hacen convertirnos en las personas honestas, responsables y solidarias que debemos ser. El deber de un Scout comienza en lo más cercano, es ahí donde forjamos nuestra esencia.
La mayoría de los scouts empiezan en castores o lobatos, donde su apoyo o ayuda en casa es menor, ya que los que suelen hacerles la mochila, prepararles la comida o los cubiertos suelen ser los padres, los cuales te van preparando, para que cuando tú vayas creciendo como persona, empieces a ayudar en las tareas, que implican tanto aquellas tareas relacionadas con los scouts, como las cosas más banales como fregar los platos, pasar la aspiradora, hacer la cama o pasear al perro.
Cuando acaba un campamento se te quedan interiorizadas las rutinas diarias, como hacer las cosas por ti mismo, siendo una persona independiente. Durante 15 días fomentamos también como trabajar en equipo, alentando a tu patrulla y dividiendo el trabajo para dar responsabilidades, de esta manera mejoramos individualmente y como grupo. Estas pequeñas cosas te ayudan a aprender y labrar un futuro en el ámbito laboral.
Para mi los scouts han sido un descubrimiento que me han abierto la mente, y me han hecho sentirme segura de mi misma. A veces tomando decisiones importantes o ayudando a otros, y eso me hace sentir que soy capaz de mucho. Hacemos cosas practicas como acampar o hacer nudos para posibles situaciones. Me siento muy orgullosa de ser Scout.
Desde este grupo queremos dar las gracias a todas aquellas familias, que confían en el movimiento scout como método de aprendizaje y enseñanza y hacen que todo esto sea posible.
Maria Muriel Muñoz (esculta).











