El esperado Encuentro Diocesano de Infancia, organizado por la Pastoral de Infancia de nuestra diócesis, se celebró ayer sábado día 8 de junio en Zarza de Granadilla, Cáceres, marcando un día de alegría y fraternidad entre los niños participantes y sus catequistas. El evento contó con la presencia de 20 Castores y Lobatos del Grupo Scout Sant Yago, además de cuentos de niños y niñas de diversos pueblos de la diócesis, sumando un total de aproximadamente trescientos participantes.
La jornada comenzó con una cálida bienvenida por parte de los organizadores, quienes expresaron su entusiasmo y los objetivos del encuentro: fomentar la amistad, la colaboración y el crecimiento espiritual entre los niños, bajo el lema de Jesús, el amigo que te ama. Seguidamente, los niños fueron divididos en grupos pequeños para realizar diversas actividades que incluyeron juegos de todo el mundo, talleres y dinámicas que promovían el trabajo en equipo y la interacción entre todos ellos.
Uno de los momentos más destacados fue el juego de la búsqueda del tesoro, donde los niños crearon símbolos de paz que luego ofrecieron en la Eucaristía, simbolizando la unión, la hermandad y el amor a Jesús en Roma el pasado mes de mayo. Además, se realizó una oración matinal, con el testimonio de Gabriela, la niña participante en la Jornada Mundial de los Niños en Roma, junto al papa Francisco.
La jornada culminó con una celebración eucarística en la iglesia parroquial, donde los niños y sus catequistas se reunieron para poner ante el altar las enseñanzas del día y compartir un momento de espiritualidad y comunión. El sacerdote Raúl Hernández, en su homilía, destacó la importancia de estos encuentros para fortalecer la fe y los valores cristianos en los niños, como un tesoro que hay que compartir y vivir.
En palabras de una de las coordinadoras, «Este encuentro no solo ha sido una oportunidad para que nuestros niños se diviertan y hagan nuevos amigos, sino también un momento para crecer en la fe y aprender a ser mejores».
El evento fue un claro ejemplo de cómo la unión y la colaboración entre diferentes comunidades pueden enriquecer la experiencia espiritual y social de los niños, dejando en ellos un recuerdo imborrable y una esperanza renovada en su camino de fe. Los organizadores ya anticipan con entusiasmo la próxima edición del encuentro, esperando continuar con esta hermosa tradición en los años venideros.
Muchas gracias, Alfonso y Paloma Polo, por algunas de las fotografías de este reportaje.





















